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Rabietas en la infancia

«Le llegó su rabieta y se dejó ir» Alexander Woollcott.

 

  Estamos de nuevo por aquí para compartirnos. Este post va dirigido a personas, no importa que seas hombre o mujer, que tengas hijo, hija, alumno o alumna, o cualquier ser pequeño que cuides. Es por ello por lo que para facilitar la lectura esta vez vamos a usar el masculino. Sois muchos y muchas los interesados por la educación de los más pequeños de cada casa. Sabemos que como adulto, te esfuerzas cada día para que tus pequeños vivan la vida de sus sueños, pero… ¿Nos hemos planteado alguna vez cuáles son sus sueños? Estamos seguros de que sí. No obstante, en este post vamos a indagar un poquito sobre ello. 

  Desde que nacemos, cada ser vive enamorado de sus personas adultas de referencia. Desde el momento en el que llega a la vida, es el adulto quien le ofrece todas aquellas necesidades que requiere un bebé. Alimentación, hogar, higiene y amor, muuuucho amor. Hasta aquí parece sencillo ¿verdad?  Sin embargo, sabemos que una de las situaciones más complejas de gestionar para las personas adultas que aman a sus pequeños son las rabietas. Llegados a este punto, tenemos que preguntarnos ¿qué esconden esas rabietas? Ya que son situaciones que tanto las personas adultas como los pequeños no disfrutamos. Vamos a poner un ejemplo. 

  “Hoy es un día muy importante para nosotros, ya que vamos a ir a celebrar el cumple de un familiar. Llegamos a ese restaurante que tantas ganas teníamos de conocer y nos sentamos en la mesa. Cuando llega el momento de decidir platos, el pequeño decide cenar algo que no es apropiado para él. Aunque se lo hemos explicado, sigue en las suyas y comienza a llorar y gritar y, acto seguido, todos los ojos del restaurante se dirigen hacia nuestra mesa”

  Analizando esta situación, a priori, podría parecer una situación fácil de gestionar, pero ya sabemos que los adultos tenemos nuestros días mejores y días peores. Ahora imaginemos que es uno de esos días que todo nos sale al revés, uno de esos días que sentimos que no podemos más y que solo tenemos ganas de llegar a casa y por fin descansar. Quizás, en ese momento, no sabemos controlar tanto como nos gustaría la respuesta inmediata que damos al pequeño. Quizás en ese momento hablamos con un tono distinto al que nos gustaría hablarle. Y está bien, no pasa nada, nadie nos enseña a manejar estas situaciones. Nos enseñaron a conducir, poniéndonos en todas las situaciones posibles y nos dieron un carné por ello, pero no se nos ofrecieron clases prácticas reales donde gestionar cómo ser padres y madres, docentes o cualquier persona que tenga la inquietud de educar a los más pequeños de su entorno.

  • Vamos a hacer una pequeña visualización

  Me encantaría que, por un momento, nos pusiéramos en la piel de ese niño. Los pequeños lo que más valoran y admiran en este mundo son a esas personas adultas que conviven en su día a día con ellos, proporcionándoles seguridad y amor, y, al fin y al cabo, su sueño en esta etapa de la vida es recibir todo el amor y atención de esos adultos. El simple hecho de estar en un restaurante, rodeado de extraños, puede hacer que el niño no se sienta tan cómodo como en casa. Además, ha tomado la iniciativa y ha decidido un plato para la cena y, nosotros, los adultos, le hemos mostrado que esa decisión es errónea. ¿Cómo nos sentimos los adultos cuando tomamos una decisión y alguien nos dice que no es posible llevarla a cabo?

  • ¿Qué son las rabietas?

  Las rabietas son comportamientos naturales durante el desarrollo de la primera infancia. Comúnmente llamamos “rabieta” a los destapes emocionales de los niños, en los que su sistema límbico (el encargado de las emociones) ha tomado el control y actúa en conjunto con su cerebro primitivo, desplegando conductas relacionadas con la defensa y el ataque (llantos, gritos, patadas, mordiscos, etc.). En resumen, el niño se encuentra “secuestrado” por sus emociones y su cerebro está intentando defenderse. Visto así, podemos sacudirnos todos esos términos que suelen acompañar a los niños que tienen rabietas, como “malcriados”, “consentidos” o “que quieren llamar la atención”. 

  Viendo la situación desde la perspectiva del cerebro, seremos capaces de desplegar nuestra compasión para comprender que el niño no está siendo malcriado o insolente, simplemente está siendo un niño y su cerebro está haciendo uso de uno de sus recursos más primitivos e instaurados. ¿Esto es malo? Claro que no, pero sí que es importante que sepamos abordarlo para ir suavizando estas situaciones e ir abriendo nuevos caminos en el cerebro de nuestros hijos, que les inviten a responder y no a simplemente reaccionar.

  • ¿Qué podemos hacer ante una rabieta?

  Cuando los pequeños sienten una intensidad emocional alta, como es en el caso de la rabieta, tenemos que entender que es normal, significa que está en un sano desarrollo.  La parte de la regulación emocional, la parte de poder calmarse, ahora mismo, en esta etapa, es nuestra responsabilidad. Tenemos que transmitirle nuestra calma y amor para conseguir que esas emociones altas consigan bajar. 

  Cuando un niño se manifiesta en una rabieta, no importa cual sea el desencadenante, en los adultos crea una sensación de malestar. Pues bien, si seguimos empatizando con ellos podremos observar que a nosotros también nos pasa. Imagina que un día se te ocurre peinarte, perfumarte o  arreglarte como nunca antes lo habías hecho. Imagina que cuando te muestras ante las personas a las que admiras su respuesta es negativa, ya sea con sus gestos (por ejemplo, haciendo una mueca de desaprobación) o haciendo algún comentario negativo hacia tu persona. ¿Cómo te sentirías? 

  Esas emociones que recorren tu cuerpo, son las mismas que recorren el cuerpo de un pequeño cuando los adultos les decimos o mostramos que no está bien lo que ha hecho. ¿Esto significa que hay que aprobar todo aquello que hacen? Claro que no, al fin y al cabo somos nosotros quienes les guiamos y le ofrecemos las herramientas para que su crecimiento en todos los aspectos sea el mejor posible. Es por ello que te invito a dar un primer paso cuando te enfrentes a esas rabietas que hacen que tu día sea un poquito más triste de lo que esperabas. Cuando observes en el pequeño que tienes cerca esta actitud tan descontrolada, visualízate como si tuvieras el mismo tamaño que él. Puedes también pedir ayuda si tienes algún otro adulto cerca y con posibilidad de hacerlo. En este momento, simplemente respira, observa y obsérvate. Quizá las emociones que sentís no son tan diferentes como a priori imaginabas, solo que desde la madurez adulta todo se reflexiona de una manera distinta. 

  Al fin y al cabo, los niños no aprenden por lo que le decimos, si no por lo que observan en nosotros, por nuestras acciones y nuestras actitudes. Ante una rabieta, si nuestra actitud es de apariencia tranquila (aunque por dentro estemos sufriendo mil tipo de emociones negativas distintas) puede ocurrir que su actitud también cambie. 

  Comprendemos que todo esto es muy difícil de gestionar, sobre todo eso que sientes durante la rabieta y la sensación que se queda en tu cuerpo después de la misma. Si esta publicación se te ha quedado corta, en próximas publicaciones os explicaremos cómo establecer límites desde el amor.